Aunque la explicación del profesor sea buena, no basta para aprender

Ves a tu hijo estudiando. Lee. Repasa. Destaca con colores. Llega al día de la prueba sintiendo que está preparado. Y la nota es peor de lo que esperaba.

Es fácil concluir que se esfuerza poco, que el ramo es muy difícil, o que el profesor exige demasiado.

Pero hay otra explicación, y es la más probable: el esfuerzo está mal dirigido. El problema no es cuánto tiempo estudia. Es qué hace durante ese tiempo.

El método más común y por qué casi nunca funciona

Casi todos los estudiantes usan el mismo método: el profesor explica en clase, el estudiante toma apuntes, en casa relee esos apuntes y hace los ejercicios de la guía.

Ese método tiene cuatro problemas. Voy a empezar por el menos obvio.

1. Aunque la explicación del profesor sea de calidad, no basta

Esto es lo más contraintuitivo. Una buena explicación se siente como aprendizaje. El estudiante asiente, entiende lo que el profesor dice, sale de la clase pensando «ya, lo entendí».

Esa sensación es real. Pero engaña.

Dos investigadores alemanes, Jörg Wittwer y Alexander Renkl, revisaron en 2008 la evidencia acumulada sobre las explicaciones en la enseñanza. Su conclusión es sorprendente: las explicaciones del profesor, aunque sean claras y de calidad, muchas veces no producen aprendizaje. Y peor: hacen que el estudiante crea que aprendió más de lo que realmente aprendió.

Lo dicen así:

«Si un estudiante cree por error que entendió, deja de esforzarse en aprender más y en llenar los vacíos que todavía tiene.»

— Wittwer & Renkl, 2008

Entender al profesor no es lo mismo que saber. Es entender al profesor.

Saber es poder hacerlo solo, sin el profesor al lado, días después, en condiciones distintas. Y eso requiere mucho más que escuchar.

2. Muchos estudiantes dicen que no entienden al profesor

Es una escena habitual. Muchos estudiantes dicen que no entendieron la materia en clase. Cuando preguntaron, el profesor repitió la misma explicación. Si la cambió, tampoco la entendieron.

Esto no significa necesariamente que el profesor explique mal. Wittwer y Renkl muestran que para que una explicación funcione, tiene que estar adaptada al nivel real del estudiante específico que la recibe. Esto es difícil en un aula con más de 20 alumnos, y requiere una planificación que muchas veces no tiene lugar.

Si la mejor explicación posible no basta para aprender, una explicación que el estudiante no entendió en clase basta todavía menos. El estudiante llega a su casa con un vacío que la guía y el cuaderno no van a llenar solos.

3. Los apuntes están incompletos

Tu hijo intenta resolver el problema reestudiando sus apuntes. Pero los apuntes tienen un problema de origen: hablamos mucho más rápido de lo que podemos escribir.

Mientras el profesor explica, el estudiante intenta anotar. Inevitablemente se pierde partes. Lo que queda en el cuaderno son fragmentos, no una explicación completa. No es un manual. No es un libro de texto. Son piezas sueltas.

Reestudiar un apunte incompleto tiene un techo muy bajo. No importa cuántas veces lo relea: lo que no quedó escrito no va a aparecer.

4. Las guías son solo ejercicios

Lo único que el estudiante se lleva a casa para trabajar son las guías. Y las guías, en su mayoría, son listas de ejercicios. Sin teoría. Sin método. Sin un plan que le indique cómo estudiar, cuándo repasar, cómo auto-evaluarse.

Es decir: la escuela enseña la materia, pero no enseña a estudiar. Y el método de estudio es lo que separa al estudiante que aprende del que no.

Dónde ocurre el aprendizaje

El aprendizaje no ocurre cuando el profesor explica. Ocurre cuando el estudiante, después de la explicación, hace un trabajo propio sobre la información recibida.

Esto no significa que el profesor sobre. Al contrario. La explicación del profesor es el punto de partida. Sin una buena explicación inicial, el estudiante no tiene de dónde sostenerse. Pero la explicación es solo el inicio del aprendizaje. No es el aprendizaje.

Wittwer y Renkl identifican dos condiciones que tienen que cumplirse para que una explicación efectivamente produzca aprendizaje:

Primero, la explicación tiene que estar adaptada al nivel real del estudiante. Ya vimos que esto no es fácil en el aula.

Segundo, el estudiante tiene que trabajar de forma activa con la explicación recibida. No basta con escucharla ni con releerla. El estudiante tiene que recordar de memoria, generar preguntas, resolver sin mirar, explicarle a alguien más. Wittwer y Renkl lo llaman aprendizaje generativo: el estudiante construye el conocimiento en su cabeza en lugar de recibirlo pasivamente desde afuera.

Si falta cualquiera de las dos condiciones, la explicación se diluye.

Lo que tu hijo necesita

Tu hijo no necesita más explicaciones. Recibe explicaciones todos los días en el colegio o la universidad. Lo que le falta es un método para hacer algo con esas explicaciones después.

Necesita aprender a transformar los apuntes incompletos en material de estudio. Necesita auto-evaluarse antes de la prueba. Necesita espaciar el estudio en lugar de concentrarlo. Necesita una mejor planificación para no malgastar su esfuerzo.

De eso se trata el Curso de Técnicas de Estudio. Trabajamos uno a uno, con la materia real que está cursando, aplicando un marco basado en la investigación: explicación adaptada a su nivel + actividades que lo obliguen a construir el conocimiento por sí mismo.

No es más esfuerzo. Es esfuerzo bien dirigido. Eso es lo que cambia las notas, y lo que termina con la frustración.


Basado en Wittwer, J., & Renkl, A. (2008), Why Instructional Explanations Often Do Not Work: A Framework for Understanding the Effectiveness of Instructional Explanations*, Educational Psychologist, 43(1), 49–64.*

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